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Dignidad

Tú bienestar es un bien muy frágil

Las personas humanas tienen gran capacidad de amoldarse a las circunstancias que les rodean.  Por ejemplo, se aprueba una ley restringiendo donde se puede consumir el tabaco y los fumadores lo aceptan sin más.  Un gobierno dice que los judíos son indeseables.  Nadie se preocupa de que estos empiecen a desaparecer. Aunque hayan pasado años sin que sepas nada de tus amigos judíos, no se te ocurre preocuparte por ellos. Si el gobierno aprueba una ley que busca la pureza de la raza, no te inmutas si el vecino llora desconsoladamente porque se llevaron su hijo subnormal y no ha vuelto a saber nada de él.  Mientras las medidas del gobierno no te afecten directamente, te da lo mismo a quien les pueda afectar.  Aún en el caso que estas medidas te perjudiquen, es fácil que las aceptas con la excusa de que ellos sabrán, el gobierno sabrá lo que hace.  Respeto a las leyes acerca de los judíos y la pureza de la raza, fueron aprobadas por el gobierno nazi.  Es fácil que alguna vez algún gobierno decida que esta clase de legislación sería conveniente tenerla.

Mientras la gente tenga pan y tenga circo le da lo mismo lo que le pase a alguien que viva a cinco kilómetros de distancia.  Las personas estamos diseñadas para vivir en grupos de unas cincuenta personas.  No tenemos capacidad para abarcar mucho más personas.  En ciudades de millones de personas, somos una parte insignificante.  Un vecino de nuestra ciudad es una parte insignificante de nuestra vida.  Únicamente nos afectará las desgracias que le ocurran a alguno del pequeño grupo de gente por la cual somos capaces de sentir afecto.  Muchos no tenemos capacidad de sentirnos afectados por las desgracias que le pudieran ocurrir a un desconocido, aunque viva en nuestro portal.  Además tenemos una inmensa habilidad para decirnos que es imposible que lo mismo nos ocurra a nosotros.  No importa cuantos casos hayamos oído de gente que desaparece por orden del gobierno.  A nosotros no nos puede ocurrir.
 
Otro elemento a tener en cuenta es nuestro gran respeto por la autoridad.  Desde tiempos inmemoriales, los grupos de seres humanos han seguido ciegamente las decisiones de  un miembro al que consideran más igual que todos los demás.  Al considerar a ese miembro más igual, no suelen cuestionar sus decisiones.  No importa si un prójimo es directamente afectado por esta decisión.  El jefe sabrá lo que hace.  Luego hay miembros del grupo que se dedican a hacer cumplir las decisiones del más igual entre los iguales.  Han aprendido a dejar atrás la moral que tenían antes de formar parte del aparato de seguridad.  Han aprendido a acatar ordenes.  Las personas que eran antes de formar parte del aparato de seguridad del estado han desaparecido.  Han pasado de ser unos ciudadanos a ser autómatas capaces de acatar ciegamente cualquier orden que les llege.
 
Esto es lo que permite que funcionen las tiranías y las dictaduras.  La mayoría acata las salvajadas que dicta el tirano.  Le consideran más igual que ellos mismos.  A la mayor parte de la población no se le ocurre ir en contra de las arbitrariedades que dicta el tirano.  Es su superior.  Lo que él diga va a misa.  Los que asumen el papel de hacer cumplir las arbitrariedades del tirano se encargan de reprimir a la minoría que no las respeta.  Estos miembros del aparato de represión han dejado atrás las reglas morales de su juventud.  Únicamente obedecen ordenes.  El dejar de lado su responsabilidad de sus actos, les permite hasta disfrutar de torturar, violar y asesinar los supuestos enemigos del régimen.  Al no hacer más que cumplir órdenes, no se consideran responsables de lo que hacen.  Los responsables son sus superiores.  Los guardianes no han tomado ninguna iniciativa en las salvajadas que cometen.  Se lavan las manos de sus propios actos al haber tomado la decisión alguien que está por encima.
 
Los que hacen cumplir las arbitrariedades son un claro ejemplo de la habilidad del ser humano de dejar atrás una vida de creencias morales tras una breve fase de presión extrema.  Otros casos son los soldados que van a la guerra y demasiadas prostitutas.  El no matarás a tu igual es una regla fundamental de todas las sociedades que conozco.  En cambio a muchas sociedades les interesa matar a los que no son iguales.  Les interesa matar a los que no son como los suyos.  Desde siempre ha sido tarea fácil encontrar a personas, generalmente hombres, dispuestos a asesinar a los enemigos del grupo.  Un periodo corto de presión extrema es capaz de convertir un ciudadano ejemplar en un asesino sin escrúpulos.
 
A los soldados les enseñan en convertirse en asesinos en el corto periodo de entrenamiento.  Están totalmente aislados de su entorno.  Cualquier intento de iniciativa propia es severamente reprimido.  Un superior inmediato se encarga de tomar todas las decisiones de los soldados.  En  el  ejercito, a cambio de renunciar a tu identidad, se te permite pertenecer a un grupo de una forma más completa de lo que les será posible de cualquier otra forma.  Da un sentido a la vida pertenecer a algo más grande.  Lo único que se les exige es que pierdan cualquier reparo de asesinar a otro ser humano.   Lo único que se les exige es que pierdan el miedo a morir.  Lo único que se les exige es que cumplan ciegamente cualquier orden que reciban.
 
En tanto un ejercito como en las fuerzas de represión del estado se acatan casi siempre las ordenes de forma ciega.  Al haber asumido el superior toda la responsabilidad, el soldado se despreocupa.  El superior sabrá lo que hace.  La consciencia del soldado queda suspendida.  El soldado podrá disfrutar de cualquier atrocidad que le hayan pedido porque únicamente estaba cumpliendo ordenes.  Mucho de lo que se hace cumpliendo ordenes jamás se haría si no nos fuera tan sumamente fácil a los seres humanos dejar atrás toda una vida de principios morales.La guerra para un soldado es de lo más intenso que le puede pasar un ser humano.  Saber que en cualquier momento les pueden matar les hace  sentirse muy vivos.  Es una sensación muy intensa.  He leído de un estudio donde han entrevistado a varios veteranos de la guerra de Vietnam.  Muchos de estos veteranos consideran tener al enemigo en el punto de mira, apretar el gatillo, y verle caer fulminado una de las experiencias más maravillosas que han vivido en sus vidas.  Las guerras gustan porque permiten violar los tabúes que han aprendido los soldados a lo largo de su vida.  Les permite violar impunemente la regla de "No matarás" y el que encima les alaben por asesinar, hace aún más maravillosa la experiencia.
 
Al tener tanto interés en asesinar a gran escala a los que son distintos, en las culturas militarizadas han glorificado la guerra.  Esta glorificación a gran escala ha sido posible gracias  a que muchos soldados y oficiales hayan considerado tan maravilloso asesinar un enemigo.  Les ha ayudado que a muchos les ha encantado sentirse tan vivo como en una guerra.  Se han escrito tomos y más tomos glorificando este asesinato a gran escala.  Se han contado sagas épicas glorificando este asesinato a gran escala.  Matar gusta.  Se enseña a casi cualquier persona a asesinar ciegamente tras pocos días de presión extrema.  El que matar y la posibilidad de ser matados provoquen emociones tan intensas ha perpetuado este asesinato a gran escala que son las guerras.  Las guerras han sido una forma de imponer la forma de vivir de un país de asesinos a sus prójimos.  Las guerras históricamente han reducido drásticamente la diversidad en las formas de organizar un grupo de personas.
 
El otro ejemplo de lo fácil es obligar a una persona a hacer de forma habitual cosas en contra de sus principios, es la esclavitud sexual.  La mayor parte de las mujeres tienen grandes remilgos a la hora de compartir su cuerpo con otros.  Tras pocos días de presión extrema, están follando con cualquiera que reciba el visto bueno de su chulo.    Además la mayor parte de las esclavas sexuales no intentan escapar.  Se resignan tras ver la dureza con que los intentos de fuga de las que no están de acuerdo con lo que las ha deparado el destino son reprimidas.  Mujeres como cualquier otra están follando con cualquiera que pague tras un breve periodo de presión extrema.  No importa lo hasta que punto hayan aborrecido la forma de vida de las prostitutas.  El que presión extrema sea capaz de convertir a cualquier mujer en puta es lo que hace posible que el negocio de la esclavitud sexual haya sido tan boyante desde tiempos inmemoriales.
 
Es una característica del ser humano que un corto periodo de presión extrema es suficiente para que haga de forma habitual lo que era totalmente contrario a sus principios.  Somos muy maleables.  La forma de ser que tenemos es muy frágil.  Lo único que nos separa de hacer cosas que aborrezcamos es un corto periodo de presión extrema.  Atrás quedarían nuestros principios.  Atrás quedaría nuestra anterior forma de ser.  Sin rechistar aceptaríamos que hemos dejado de ser personas para convertirnos en objetos propiedad del responsable de la presión extrema.  Nuestro bienestar es un bien muy frágil.  En cuanto nos sometan a un periodo de presión extrema, nuestra anterior vida queda para atrás para siempre.

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