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El Torbellino del Amor

Susana y el torbellino

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Acabo de pasar un fin de semana maravilloso.  He estado en un concierto que me ha emocionado.  Pasé unas pocas horas al lado de T, una mujer que me encanta, los tres días del fin de semana.  Al haberme dado cuenta de la fuerza de las emociones que rodean esto del amor intento ir suave en estos temas.  Txiri, txiri como he oído que dicen en el país vasco.  Suave, suave para dar tiempo a las emociones para que se acostumbren.  Este fin de semana no me apetecía ir suave.  Me apetecía disfrutar de forma hedonista de la compañía de una mujer que me encanta tanto como esta.  Pasó lo inevitable.  Me entró la certeza de que me había enamorado de esta mujer.  Durante el primer lunes después de este fin de semana tan maravilloso, enfrente del ordenador, se me ocurrió pensar en Susana, mi primer amor.  Mi torbellino aulló de dolor.  Entre lagrimas les dije a mis compañeros de trabajo que no me encontraba bien, y me fui a casa.
A Susana la conocí en mi grupo de senderismo favorito.  Yo había adquirido la costumbre de saludar a todas las mujeres que veía aquí.  En la excursión donde la conocí eramos muy poquitos.  Cuando la vi me pareció tan atractiva que tardé horas en atreverme a decirla hola  Tardé horas en decirla: Hola.  Yo me había dado cuenta que su torbellino estaba en sintonía con el mío.  Cuando la miraba había una música en mi torbellino que no había cuando miraba a otra parte.
 
Para mí, mi torbellino está causada por una singularidad en mi alma.  Cuando hablo de singularidad estoy hablando en el sentido físico de la palabra.  La singularidad en mi alma es muy parecida a esa singularidad tan conocida por todos: los agujeros negros.  Un agujero negro es un punto del espacio tiempo del cual nada es capaz de salir.  Es tan fuerte que la materia forma un torbellino a su derredor.  Cuando más cerca del centro, más fuerte es el torbellino. Del agujero negro nada se puede escapar. La singularidad en mi alma, la que provoca mi torbellino, es como un agujero negro.  Cerca del centro hay dolor, dolor, mucho dolor.  Igual que en la imagen, emite luz.  Esa luz puede ser captada por personas en sintonía con mi torbellino.  De la misma manera, yo puedo captar la luz emitida por torbellinos en sintonía con el mío.  Cuando dos torbellinos captan mutuamente la luz del otro, cantan de alegría.  Con Susana yo capté su luz enseguida.  Según ella me comentó, ella también fue capaz de captar mi luz en cuanto me vio.  Es tan obvio el que mirando otra persona oigas el canto de tu torbellino.
Image 
 
Las almas gemelas no son más que el torbellino de una persona resonando en el torbellino de otra persona, generando música.  Esta música es a su vez captada por el torbellino de la primera persona. El torbellino de la primera persona canta en respuesta del canto del segundo torbellino que a su vez ha sido generado por el canto del primer torbellino.  Con almas gemelas los torbellinos de dos personas cantan al unísono.  Es muy difícil conservar un alma gemela.  Las singularidades que están cantando al unísono son muy fuertes.  Las singularidades con su canto se hacen más fuertes.  Al hacerse más fuertes, los torbellinos que las rodean a su vez se hacen más fuertes.  Se pasa a tener las emociones a flor de piel.  Algunas veces estas emociones están tan a flor de piel que se pierde el equilibrio.  Eso nos pasó a mí y a Susana.  Yo casi enloquecí.  La última vez que la vi, ella estaba muy tocada.  No estábamos preparados para está sinfonía en la que estuvimos sumergidos dos semanas seguidas.
 
Empezamos muy bien.  Nos veíamos poco, casi únicamente en el senderismo.  Tardé semanas en atreverme a llamarla una vez tuve su número.  Nos vimos una sola vez en la vida real, los dos a solas.  Estábamos siguiendo el txiri txiri a rajatabla.  Entonces ocurrió la desgracia.  Compartimos una excursión cultural de dos semanas.  Ninguno de nosotros estaba preparado para oír cantar nuestros torbellinos con tanta fuerza, durante tanto tiempo.  Todo, todo, todo se fue al garete.  No estábamos preparado para sumergirnos en esta maravillosa simfonía.  Este lunes, al pensar en lo que no pudo ser, mi torbellino aulló de dolor.
 
Cuando torbellinos se cantan, es necesario hacerlo muy despacito, muy despacito, igual de despacito o más que el sexo anal para que no haga daño.  La regla imprescindible para compartir la canción de los torbellinos con un alma gemela durante un tiempo suficiente es el txiri txiri.  Esto significa suave suave en vasco.  O se va despacito o se pierde todo.  Yo lo perdí todo por no haber ido txiri txiri.  Hace falta mucho tiempo para acostumbrarse a dos singularidades, tan potentes, tan fuertes, tan poderosas, cantando a todo pulmón.  Hace falta ser muy fuerte para aguantar una sintonía tan hermosa sin doblar la rodilla.  Yo no fui lo suficiente fuerte.  Por no haber hecho txiri txiri, me resquebrajé.  Susana también se resquebrajó.  Ella tenía muy fresco el haber luchado encarnizadamente con su torbellino.  Yo había hecho mi lucha a muerte con bastante anterioridad.  Ella tenía muy fresco el inmenso dolor de casi sumergirse en el torbellino.  Lo tenía tan fresco que no se atrevió a enfrentarse otra vez a algo tan potente como dos torbellinos cantando al unísono.  La abría viejas heridas de guerra.  La última que ella escuchó el canto de los torbellinos, la fue fatal.  Esa vez, ella tampoco hizo el txiri txiri.
 
Llego al trabajo el lunes y noto que mi torbellino está cantando cuando pienso en T.  Estoy maravillado de lo bonito de la melodía.  La estoy disfrutando entre pulsación del teclado y pulsación del teclado.  Entonces pienso en Susana.  Pienso en las bellísimas melodías que su miedo a nuestros torbellinos cantando al unísono nos impidió conocer.  Veo que la forma de cantar de mi torbellino con T. es muy parecida a como cantaba con Susana.  Y en ese momento mi singularidad recuerda a Susana y aúlla de dolor.  Aúlla y aúlla de dolor.  Aúlla de dolor pensando en las hermosas canciones que nunca tuvo ocasión de componer.  Aúlla de dolor por haber perdido su primer amor.  Entre lagrimas digo a mis compañeros que me voy a casa y salgo pitando.
 
Acerca de lo que pasará entre yo y T, no sé nada.  No creo que yo la asuste.  No sé nada.  No sé si habrá más que amistad.  No sé nada.  Si hubiera más que amistad sé que la convivencia será muy buena pero la limpieza será un verdadero problema.  Si nos seguimos viendo, seremos marcados para toda la vida por la hermosura de nuestros torbellinos cantando al unísono.  No es necesaria la convivencia.  No sé nada.  La convivencia sería hermosa.  No sé nada.  No importa. Explorar el amor con T no importa.  He oído a mi singularidad cantar de nuevo.  He oído a mi singularidad recibir respuesta.  He sentido el aullido de dolor de mi singularidad cuando pensó en las canciones que pudo haber compartido con Susana.  He dejado atrás las canciones que no pude componer con Susana. Cuando acabe este proceso habré completado la transición entre ser adolescente y ser adulto.  No necesito a T.  No sé nada.  No sé si nuestros caminos pueden estar cercanos durante un tiempo.  No sé nada.  No sé como de cercanos nuestros caminos van a ser.  No sé nada.
 
Saldré adelante con o sin T.  Soy más fuerte que el torbellino.  El torbellino es más fuerte que el amor.  Soy fuerte, y me cago en dios, saldré adelante.
 
Ni por nadie ni por nada perderé ni la alegría de vivir ni el amor propio
 

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