Ni mejor ni peor
Vivimos
en un mundo donde todo es relativo. Ni lo que opina una persona, ni
lo que hace, es ni bueno ni malo. Es indiferente. Vivir en
sociedad implica que la mayor parte de sus ciudadanos conozca una
escala de valores común. Cada grupo al que pertenezca el
individuo suele tener además su propia escala de valores.
Luego está la escala de valores personal del individuo, que
puede, o no, haber sido influenciada por cualquiera de las escalas de
valores a las cuales haya sido expuesta. Ninguna de estas escalas de
valores tiene porque parecerse, aunque suela haber bastantes
coincidencias. Según cada una de estas escalas de valores se
juzga lo que hace o piensa una persona como bueno o malo.
Hay
mucha diferencia entre las escalas de valores. En algunas escalas
muchos aspectos son juzgados, y se desprecia a quien no siga el
camino supuestamente recto. Hay otras escalas de valores donde casi
nada es considerado mejor que cualquier otra cosa. Muchos llegan a
aplicar un juicio de valor a casi cualquier cosa que ven. Otros
apenas juzgan. Lo más negativo que suele pensar, esta gente
que no juzga, suele ser "Yo no lo haría." Hay gente
tan convencida de la corrección de su escala de valores que
actúan contra los que no dan la talla según su rígido
sistema de creencia. Claros ejemplos son la violencia de genero,
agredir a un indigente o agredir a alguien de otras creencias.
Ejemplos más extremos son lapidar mujeres que hayan tenido
relaciones sexuales fuera del matrimonio como se hace en muchas
partes del mundo musulmán.
Ni mejor ni peor
Cualquier
escala de valores es totalmente arbitraria. El que alguien juzgue
algo como malo ni mucho menos implica que otra persona lo juzgue de
la misma forma. La escala de valores de una sociedad también
es totalmente arbitraria. Esta escala es especialmente interesante
porque afecta a muchas personas. A lo largo de la existencia de una
sociedad se han ido escogiendo las normas al son de los prejuicios de
dirigentes, lideres espirituales y medios de comunicación.
Estos clasifican actos y pensamientos como bien vistas, mal vistas y
punibles. Esta es otra cosa que hace interesante la escala de valores
de una sociedad. Tiene a su disposición medios represivos lo
suficientemente potentes para que, por miedo al castigo, una persona
se lo piense dos veces a la hora de infringir las normas. La mayor
parte de la población acata la mayor parte de las reglas.
Actuando contra algunos díscolos y anunciando que se ha
actuado, se asegura que la mayor parte de los ciudadanos acaten las
reglas. A la sociedad le ayuda a la hora de que se cumplen las
reglas que un individuo perciba que pueda sufrir el castigo de la
sociedad si no lo hace.
El
que algo se considere punible no lo hace, ni mucho menos, ni mejor ni
peor que cualquier otra cosa. Únicamente significa que
hacerlo puede acarrear medidas represivas. Una clara demostración
de lo arbitrario de esta escala de valores es que no haya un criterio
unificado de que está prohibido y que está permitido.
Casi cualquier cosa prohibida en nuestra sociedad ha sido permitido
en algún lugar del mundo. Algunos actos permitidos en mi país
son severamente castigados en otros lugares. Por ejemplo la
homosexualidad. No hay ningún problema en practicarla en mi
país, pero hay otros donde es castigada con la muerte. Aquí
tampoco hay ningún problema en que una mujer soltera se
acueste con alguien. En países musulmanes su padre la puede
asesinar.
Un
ejemplo claro de lo arbitrario que es la escala de valores de las
distintas sociedades es como se responde ante matar a otra persona.
Esto se considera en muchas sociedades uno de los crímenes más
abominables que se puedan cometer. Entre ellas la mía. Si se
mata con predeterminación, el castigo es de los más
duros que imponen. En cambio en la vieja Mesopotamia, si matabas a
alguien, era castigado de la misma forma sin importar la
intencionalidad. Si tenías recursos, pagabas. Si no te
ejecutaban. En una misma sociedad, son muchas las consideraciones,
que se han impuesto por la costumbre, a la hora de asignar el
castigo. En último lugar, este depende de la escala de
valores de los que juzgan la transgresión. Parece haber una
regla fundamental. No matarás a tu igual. En muchas
sociedades grandes grupos de personas se han considerado como
inferiores.
Por
otra parte están las guerras, esas orgías de asesinar
personas indefensas. El deber de los soldados es matar. Mejor si su
victima no les puede matar a ellos. Ha habido sociedades en las
cuales mostrar piedad, es castigado severamente, hasta con la vida.
Es la obligación de los verdugos asesinar a una persona
indefensa. No cumplir con esa obligación puede acarrear
castigos severos, hasta la vida. Los propietarios de esclavos no
tenían ningún problema a la hora de asesinarlos. Un
ser humano era considerado propiedad. Su vida estaba a disposición
del propietario. Nobles podían asesinar impunemente a
ciudadanos comunes. Hasta la época de Franco, un hombre podía
asesinar impunemente a su esposa si sospechaba que ella le había
sido infiel. Los nobles podían disponer de la vida de sus
vasallos. En la Esparta Arcaica los supuestos ciudadanos practicaban
el deporte de asesinar a los que labraban sus tierras. La regla es
no matarás a tu igual. En nuestras democracias todo el mundo
es igual por lo cual el asesinato casi siempre será
severamente castigado.
El
que a lo largo de la historia haya tantas formas de responder al
mismo hecho, que una persona le quite la vida a otra, implica que no
hay una forma universal de responder a un mismo hecho. No hay reglas
universales para determinar quienes son los que son considerados
iguales. La respuesta de una sociedad a un determinado hecho se
desarrolla de manera totalmente arbitraria, basada en gran parte en
la costumbre. Ninguna de estas formas es ni mejor ni peor. En cada
sociedad las reglas son distintas. Es así. Muchos consideran
actuar de forma distinta a lo que hacen ellos una clara señal
de inferioridad. Por ejemplo he visto un musulmán converso
diciendo que occidente se merece todas las desgracias que los
musulmanes creyentes les puedan causar por permitir que nuestras
mujeres, según el, se vistan como putas. Un claro ejemplo del
pensamiento: “Yo soy mejor que tú”.
Es
muy corriente considerar lo que es distinto a como piensa uno como
inferior. La diferencia echa para atrás. Eso se hace a nivel
de sociedad y a nivel personal. Yo, por supuesto lo hago también.
Grupos que han sido tratados como inferiores son los esclavos, los
que tienen color de piel distinto, los que tienen religión
distinta, las mujeres ,... Considerar alguien como inferior a nivel
individual no tiene mayor importancia, a menos que el sentimiento sea
generalizado. El que haya unos pocos que me consideren inferior no
me afecta. El que haya muchos, ya puede tener consecuencias
negativas tanto para mi vida social como laboral. Si algo es
considerado lo suficientemente negativo por el suficiente número
de personas, puede llegar a costar tanto la libertad y hasta la vida.
Claros ejemplos de que una sociedad considere un grupo inferior, son
la Santa Inquisición donde los que no eran católicos
eran asesinados y la Alemania Nazi donde los que no eran Arios eran
asesinados.
Dentro
de los límites que permite la sociedad, no importa lo que
hagamos o dejemos de hacer. Podemos favorecer o perjudicar a otras
personas, igual que ellas nos podrán hacer lo mismo. Todas
las sociedades permiten un margen de actuación donde la
libertad es garantizada. Hay déspotas que cambian
drásticamente lo permitido y lo prohibido. Mientras la
sociedad no actúe contra nosotros, nos da lo mismo lo que le
pase a nuestro prójimo. Mientras nosotros no seamos
transportados hacinados en vagones de tren hacia campos de
concentración, nos importa un bledo que millones de seres
humanos de nuestro país lo hayan sido.
Hay
mucha gente que considera los suyos y su forma de actuar como
mejores. Esos no se dan cuenta que esta forma de actuar ha sido
influenciada por los prejuicios que han ido acumulando a lo largo de
su vida. Vivir es aprender. Lo que aprendemos nos influencia. A
mi personalmente me disgusta la gente que dividen las personas en
escoria y no escoria. En mi opinión el propósito
fundamental de los seres humanos es mantenerse lo suficientemente
ocupada a lo largo del día para no sufrir un ataque de
ansiedad antes de acostarse. Lo que haga un individuo con su vida es
indiferente. Da lo mismo que alquile sus órganos sexuales a
cambio de dinero, se chute heroína en vena o dirija una
empresa multinacional. Todos somos igual de insignificantes, aunque
los medios de comunicación nos intentan dividir en más
iguales y menos iguales.
Muchas
veces las restricciones a lo que se permite hacer en una sociedad se
deben al antojo de los dirigentes. En los regímenes
totalitarios se prohíbe lo que le disgusta al dictador. En
Uzbekistán prohibieron que los hombres llevaran barbas. A su
maravilloso jefe de estado le disgustaba. En Singapur, mascar chicle
era un pecado atroz por el cual te podían dar latigazos. Ya
no. Ahora, como consideran el tabaco un mal mayor, decidieron
permitir los chicles de nicotina para ver si esa escoria se integraba
en la sociedad.
En
las democracias también se prohíben cosas al tuntún.
A alguien del partido del gobierno le disgusta un comportamiento.
Propone al jefe de gobierno que esto se prohíba. Luego
nuestros representantes lo votan. España está
amordazada por la disciplina de partido. Si un diputado es lo
suficientemente valiente para pensar por su cuenta, sufre
represalias. No elegimos a gente que nos representa. Elegimos a
autómatas que no hacen más que votar lo que los
dirigentes de su partido digan que voten. Si no acatan el voto
pierden su puesto de trabajo. Este trabajo de diputado sometido a la
disciplina de partido lo podía realizar igual de bien un perro
amaestrado.
En
todos los casos se prohíbe sin fundamento. La única
razón es que hay alguien con poder a quien no le gusta lo que
hacen otros. La prueba que toda prohibición es totalmente
arbitraria y sin fundamento es que hay otros lugares del mundo donde
ese mismo comportamiento está permitido. Ni siquiera sería
extraño que ese comportamiento prohibido sea o haya sido bien
visto. Todas las prohibiciones son debidas a los prejuicios de los
dirigentes.
Las
prohibiciones son todas arbitrarias.