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Los caminos de la vida

Naranja Hogar Venganza

Desde que me enamoré de mi novia gallega, cada fase distinta de mi vida, cada camino, ha tenido nombre,  primer apellido y segundo apellido.  Desde setiembre a noviembre del 2008 viví Naranja Hogar Venganza.  Durante ese tiempo estaba tomando Invega (Paliperidona), Lamotrigina y Alcohol como medicamentos siquiátricos. Una combinación desastrosa. 

Eso de los caminos con nombre y apellidos fue un remanente de las vacaciones a Amsterdam que compartí con esta galleguinha.  Ella me preguntó en el coche camino a la ciudad de que color me veía y yo contesté verde primavera.  Ella me dijo que me veía Naranja Hogar.  Ya estaban el nombre y primer apellido de un camino que iba a vivir.  Con Invega y alcohol, resultó que el segundo apellido de ese camino era Venganza.

 

La principal compañía femenina que tuve durante esta fase era la de mi tocaya, compañera de trabajo y la hija de puta sobre todas las hijas de puta.  Por aquel entonces Andrea era alcohólica perdida.  A las once de la mañana se desayunaba una caña de cerveza.  Al medio día caían varias más.  En su descanso a media tarde caía otra.  En su vida privada seguía bebiendo sin límite. Una verdadera esponja.

Era fácil que ella se volviera agresiva cuando estaba borracha.   Recuerdo una vez que la llevé a un bar de flamenco en la zona de Huertas.  Se le metió en la cabeza que la cantante no estaba tratando con justicia al que tocaba la guitarra.  Palabras agresivas hacia la cantante.  Miradas agresivas. Gestos agresivos.  Fue un milagro que no nos echaran del bar. Me sentí muy aliviado cuando al final ella se acabara su cuarta jarra de cerveza y salieramos a la calle. Ahí, la muy hija de puta se mostró cariñosa y agradable.

Tras sus muchos momentos de agresividad, donde maltrataba a quien la rodeara sin ninguna clase de miramientos, venían sus momentos cariñosos. Borracha fluctuaba entre el amor más puro y el odio más visceral.  La he llamado la hija de puta sobre todas las hijas de puta ya que a mi tocaya yo la excitaba sexualmente pero por mis grandes fallos al momento de encontrar el momento oportuno para hacer avances sexuales me repetía que jamás follaría conmigo.  Eso de una mujer que se jactaba de haberse follado a medio Perú y que le ponía los cuernos a su novio inglés a la mínima oportunidad.  Una vez que un buen amigo de Barcelona estaba visitándome en Madrid, ella se humilló repetidamente intentando seducirlo con la esperanza de humillarme a mí, dejándome sólo esa visita tan especial de uno de mis mejores amigos.

Una noche de borrachera yo soltaría algún avance sexual. Es posible que ella me malinterpretara.  Su reacción fue endurecer mucho gestos y palabra. Me preguntó repetidamente si yo quería conocer al demonio.  Ella había entrado de lleno en su mundo místico-mágico como hacía tantas veces cuando estaba corroída por el alcohol  La cuarta vez que me lo preguntó, yo grité: ¡Quiero conocer el demonio!.    Más tarde ese día, cuando yo la acompañaba en metro, ella me insistió muchas veces: "invoca tu demonio". Yo me quedé paralizado. A la tercera vez que ella me lo dijera, grité ¡Invoco a mi demonio!. La muy hija de puta me dejó plantado en una estación de metro diciéndome que ahora iba a pasar tiempo con su amante. Cuando llegué a casa, la mandé varios mensajes diciéndo que no sabía si mi demonio vendría a mí, qué quería conocerlo. El invocar es un Stupid Bipolar Trick que he hecho varias veces. Me he dado cuenta que es fácil que me convenzca que ocurren cosas cuando hago esas gilipolladas,.

El día siguiente estaba en el trabajo, en frente del ordenador, sintiéndome cada vez más agresivo. La cabeza de un gremlin lleno de ira asomara su cabeza por mi corazón del corazón, sacando su grueso cuello por mi plexo solar.  Un ente que ansiaba sangre, lleno de odio, que había sido humillado demasiadas veces.

Pensamientos obsesivos invadieron mi mente. Al llegar lágrimas a mis ojos, me fui del trabajo, como suelo hacer desde el ingreso que tuve el año anterior. Me dirigí al médico para que me hiciera justificante. Ese papel me permitá tomarme el resto del día libre. Me tomé además tres miligramos de Risperidona para poder volver a la normalidad sin perder más días de trabajo. Al salir del médico, me fui a un bar a tomar una cerveza sin alcohol. Ahí había un hombre cansino.  Me decía que yo era un vago.  Que tenía poca suerte con las mujeres.  Que no tenía muchos amigos y muchas otras cosas que se ajustaban a la realidad.   Yo disfrutaba con el toma y daca y le seguía la corriente.   Al final me dijo que me encontraría mucho más feliz si me ponía a trabajar de una vez.  Yo le miré.  El demonio que asomaba de mi pecho le miró.  Le pregunté si de verdad creía que me debía poner a trabajar.  Le cambió el aspecto de su cara, dejó su cubata recién empezado en la barra y se fue.

Llegué a casa y puse la televisión.  En un canal ponen un documental sobre la vida de Vlad Dracul, el empalador, que fue origen de la leyenda de Drácula.  Al emprezar el documental sueltan que Dracul en Rumano significa tanto dragón como demonio.  Ya tenía respuesta a aquella gilipollez que hice la noche anterior deseando conocer el demonio. Los demonios son dragones con una apariencia humana. El dragón que mató San Jorge era muy parecido a una persona. Llevándolo al siguiente nivel, un dragón podía ser una especie muy parecida físicamente a las personas. Quien sabe, quizás haya Neandertales entre nosotros.

Vlad era una persona muy agradable que disfrutaba viendo como gente perecía atravesadas por árboles cortados a medida.  Rrechazó un ataque de los turcos gracias a que en las afueras de la ciudad había clavado a diez mil de sus ciudadanos en árboles cortados a la mitad.  Todavía estaban la mayor parte vivos cuando vinieron los  turcos.  Este maravilloso ser humano pasó tiempo encarcelado donde se divertía empalando ratas y cucarachas.  Le encantaba ver seres vivos, preferentemente personas, retorciéndose de dolor durante horas.

El tiempo que seguí con Invega y alcohol, seguí sintiéndome tan agresivo que me decía repetidamente a mi mismo que no iba a vivir mucho tiempo más ya que acabaría cometiendo alguna estupidez que me costara la  vida.  Estaba dispuesto a apostarme con uno de mis jefes 500 euros donde yo ganaba si seguía vivo en el 2013.  Si yo moría él se quedaba con mis 500 euros, pagados por adelantado.

Era una época de mucha creatividad, mucho ruido mental y poca concentración,. Quería proponer muchas mejoras en las condiciones laborales, tenía muchas ideas para mejorar el cómo funcionaba la empresa. A duras penas conseguía reprimir la mayoría de mis impulsos grandiosos.  Me sentía invulnerable y si no hubiera dejado el Invega seguramente me hubiera metido en alguna situación que me hubiera perjudicado físicamente.

Mi novia gallega me dijo que en esta fase de mi vida me dejó de conocer. Me contó unos meses después que era como si yo hubiera encontrado un cuchillo y estaba continuamente con él.  De vez en cuando lo empuñaba.  De vez en cuando jugaba con él.  De vez en cuando lo tenía guardado en mi bolsillo.  Tiempo después leí del Orisha Ogoun, el dios de la guerra Yoruba.  Su arma es el cuchillo.  Su ambiente son los caminos.  Llegué a la conclusión de que no podía descartar que Ogoun me hubiera poseído cuando invoqué mi demonio.  El demonio sin orejas que asomaba su cabeza desde mi pecho podía perfectamente ser un negro cabreado con el maltrato que había sufrido su pueblo a manos de los traficantes de esclavos.

Una ventaja de esta experiencia es que no volví a tolerar que la hija de puta de mi tocaya me volviera a maltratar emocionalmente. Cada vez que ella me atacaba, yo le devolvía un poco más de agresividad. Pasó de ser una relación masoquista a ser una de maltrato mutuo donde yo era el más fuerte. Seguí sintiendo mucha agresividad en mi corazón muchos meses después de dejar el Invega. En junio de 2009 produje un escrito extraordinariamente agresivo, que si no hubiera sido retirado por mi novia, hubiera supuesto un delito de apología del terrorismo contra las mujeres. Durante gran parte de mi convivencia con el trastorno bipolar he producido escritos que me perjudican intensamente en mis fases de descompensación.

A raíz de este escrito mi psiquiatra me cambió la medicación a un antipsicótico de los viejos llamado Clopixol y me derivó a un Centro de Atención al Drogodependiente y me apunté a la Asociación Bipolar de Madrid. En los seis meses que tardé en dejar el alcohol eché de mi vida a todas las personas que eran importantes para mí. Cuando volví a cambiar de medicación ya tenía una diabetes galopante por los muchos efectos secundarios del Clopixol.

Cuando volví a ver mi entonces novia gallega en el 2011 ella me dijo, dos ingresos psiquiátricos después y dos combinaciones de medicamentos despúes del Çlopixol, que ya no me notaba el cuchillo. Parece que Ogoum me ha abandonado.

Con mucho amor,
Batiscafo
 

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