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Dignidad

Cada muerte por sobredosis es un asesinato por parte del estado

svHEROIN_wideweb__470x3080Busque durante meses al nombre de alguien que había muerto por sobredosis de heroína. Al final tropecé con una persona muy conocida que murió de esto.  Una sobredosis le causó la muerte a Enrique Urquijo, el cantante de Los Secretos. Murió innecesariamente. El estado español, por su falsa moral, le mató. La ideología de las Ministras de Sanidad que nos presiona a  vivir una vida sana y de lavarse las manos del resto de la población.
Por no asegurar la pureza de la heroína, el gobierno mató a Enrique Urquijo  con premeditación y alevosía. Mínimos controles de calidad son necesarios, hasta en los estupefacientes. Los venenos con los cuales se adulteran las drogas pueden dañar tanto la salud física como emocional de muchas personas. Muchos mueren.
Muchos escogen actuar de maneras poco políticamente correctas, renunciando a la moral predominante. Harían lo que fuera necesario en pos de su placer, esté prohibido o no.  Un ejemplo son los toxicómanos.  Enganchados a la heroína, necesitan su chute y harían lo que fuese necesario para conseguirlo. Un retraso supone un brutal síndrome de abstinencia.  Días de sufrimiento hasta que se les pase el mono.  Por lo desagradable de este trance, muchos no tendrán en cuenta las consecuencias de su búsqueda de su droga. Muchos infringirán el Código Penal en su misión de evitar el mono.  Pedirán, robarán, atracarán, se prostituirán, con tal de pagarse el siguiente chute. Se llevarían por delante a quien haga falta con tal de no sufrir.  La heroína está muy mal vista en nuestra falsa sociedad.  Conscientemente, nuestro gobierno permite que mafias suministren estas tan preciadas drogas. Renuncia a garantizar la calidad de estos productos.
 
Gran parte del sufrimiento, tanto de los heroinómanos, cómo de sus familiares, cómo de sus víctimas se puede evitar.  Una adicción crónica no es demasiado grave.  Habría que proporcionar droga de buena calidad a quien haya caído en las garras de la adicción. Tendría que tener un precio razonable.  Entonces no serían necesarios los atracos y demás delitos.  Además el mejor tratamiento para un heroinómano es, a su vez, la heroína. La heroína cómo medicamento para condiciones crónicas mejoraría la calidad de vida de muchas personas.
Desgraciadamente el estado español es demasiado hipócrita para asumir su responsabilidad de realizar controles de calidad en los estupefacientes.  Su única reacción es tratar a los drogadictos como parias.  Si alguien necesitara heroína para que su existencia sea tolerable, nuestro gobierno ha de proporcionársela.  No debe, bajo ningún concepto, hacer como en estos momentos: meter la cabeza en un hoyo para no enfrentarse a esta tragedia. Garantizar una pureza aceptable evitaría mucho sufrimiento causadas por las mafias que venden productos adulterados. Nuestro gobierno mira hacia otro lado en vez de garantizar una mínima calidad de vida a los toxicómanos. El problema existe.  Hay gente que se droga.  No todos tienen ni fuerza de voluntad ni ganas de rehabilitarse.  Si fumar gusta, es lógico que chutarse o inhalar heroína también guste.  La falta de voluntad del estado español en garantizar una calidad aceptable cumplir unos mínimos estándares de calidad le hace directamente responsable de todo el sufrimiento que puedan ocasionar las drogas. Escogen conscientemente evitar secuelas irreversibles en seres humanos cómo tú o cómo yo.
 
Drogas asequibles de buena calidad significaría menos gente robando, alquilando su cuerpo, pidiendo.  Menos presos. Menos muertos por sobredosis.  Menos secuelas crónicas. Los gastos para la sociedad se redujeran.  Todo son ventajas.
 
Al ser el negocio de la droga ilegal, el estado renuncia a su obligación de controlar su calidad.  Si la heroína fuera cara, los camellos aumentarán sus beneficios añadiendo aditivos, muchas veces venenosos.  Otras veces es barata y la venden pura.  Los drogadictos no saben que van a encontrar: sobredosis, satisfacción o muerte. Es necesario que los Gobiernos garanticen una calidad mínima.  Es directamente responsable del sufrimiento de los drogadictos y de sus allegados por su renuncia a actuar. Son estas variaciones en la pureza de la heroína que mató a Enrique Urquijo, el cantante de los Secretos. Murió de una sobredosis al venderle un camello droga más pura que otras veces.  Fue asesinado por el estado español. Este es responsable de su muerte y de todas las demás muertes por sobredosis.  Igual que si le hubiera ordenado a un verdugo apoyar el cañón de su pistola contra su sien y apretar el gatillo. Negándose a intervenir, nuestros gobiernos han asesinado a todos y cada uno de los muertos por sobredosis.   Por remolonear debido a su doble moral. Habría que denunciar a la Ministra de Sanidad por homicidio imprudente cada vez que un drogadicto muera de sobredosis por su renuncia a garantizar una pureza adecuada.
Con mucho amor,
Batiscafo

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