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Dignidad

Calidad de vida ante cantidad de vida

La esperanza de vida no hace más que aumentar.  Progresivamente va mejorando el tratamiento de enfermedades y el resto de condiciones que ponen en riesgo la propia vida.  El aumento de la esperanza de vida es en algunos casos contraproducente.  La medicina curativa es igual de efectiva aunque la persona volverá a ser capaz de reconocer su entorno.  No hace falta que vuelvas ser capaz de pensar por tu cuenta.

Se adoptan las mismas medidas agresivas contra la muerte aún en casos de Alzheimer, demencia senil o  estados vegetativos.  No se hacen menos esfuerzos cuando el paciente haya perdido permanentemente la cabeza.  El paradigma predominante es que hay que prolongar la vida a cualquier precio.  No importa lo más mínimo que la persona enferma no vuelva a ser capaz de disfrutar de su tiempo extra.  No importa lo más mínimo que la persona no vuelva nunca a tener calidad de vida.

Los seres queridos se ven muy afectados por una enfermedad larga de alguien tan próximo.  Hay veces que se pasan meses de día sí, día también en el hospital.  Luego cuando le den el alta sigue siendo igual de duro.  Ven una persona que no les reconoce  con quien han disfrutado muchas cosas.  Una persona que han visto reír, que han visto llorar, que les ha adulado, que les ha reñido, con la cual han compartido tanto sus tristezas y sus alegrías.  Esa persona ahora está reducido a una cascara de lo que era.

No tiene ningún sentido efectuar esfuerzos heroicos para mantener con vida una persona que jamás volverá a reconocer su entorno.  Lo mejor, tanto para ella como para la familia es dejadlo morir en paz.  Una persona que nunca volverá a tener contacto con la realidad, si no come por si mismo, pues no se le proporciona alimento.  Si pilla una pulmonía, no se le proporciona ni aerosoles ni antibióticos.  No estoy proponiendo asesinato.  Únicamente estoy diciendo que no se debería hacer ningún esfuerzo para prolongar la vida de las personas que no volverán a tener calidad de vida, a las personas que no podrán volver a participar con sus queridos.  Que la muerte les acoja en su seno. 

Es un problema escabroso decidir cuando no existe esperanza de que una persona recupere la cabeza.  Si se está con las facultades mentales intactas, se debería poder decidir si vivir o morir.  En cambio las personas con las facultades mentales permanentemente deterioradas no pueden tomar esa decisión.  Tomar esa decisión es un terreno fraguado de dilemas morales.  Aún así es inútil luchar por la vida de las personas que nunca volverán a tener facultades mentales suficientes para decidir sobre si mismos.  Pase lo que pasé no serán capaces de disfrutar de la vida adicional que se les proporcione.  Es inútil sacrificar calidad de vida en el nombre de cantidad de vida.  Que la muerte les acoja en su seno.
 
Ya se está practicando desde hace tiempo la eutanasia activa en los hospitales.  Un paciente está con dolores fuertes o muy incoherente y es posible que le suministren un sedante que puede tener el efecto secundario de acabar con la vida del paciente.  En casos de pulmonía los médicos pueden decidir que no se le suministre oxígeno a través de la mascarilla.  Sale aire de la mascarilla en vez de oxígeno. Se mata a pacientes desahuciados.  Pues que los médicos eviten el riesgo de enfrentarse a medidas punitivas siempre que informen a los allegados que el estado no va a seguir proporcionando tratamiento a su familiar.  Este es otro caso de medidas punitivas a las cuales se hace la vista gorda.  En vez de hacer la vista gorda hace falta eliminar las medidas punitivas de la legislación española.
 
Un caso patético es el de Ariel Sharon, un ex primer ministro de Israel.  Sufrió un derrame cerebral masivo el 4 de enero del 2006.  Los médicos lucharon como jabatos para mantenerlo con vida.  Las intervenciones se han sucedido constantemente hasta el presente.  Que si pulmonía, que si necrosis intestinal, que si infecciones coronarias.  Multitud de acciones médicas muy agresivas y muy caras. Se sabía perfectamente después de su primer derrame cerebral que nunca volvería a recobrar la conciencia.  Aún así se sigue haciendo todo lo posible para mantenerlo con vida.  Están manteniendo con vida un vegetal.  Sería mucho mejor, tanto para él, como para su familia, como para su país que le dejaran morir.  No tiene sentido atentar de esa forma contra la dignidad de lo que una vez fuese un ser humano (aunque fuera considerado por muchos un terrorista asesino) y que ahora no es más que un recipiente vacío.   Mucho mejor sería si su familia y su país hubieran empezado el proceso de duelo.

El qué España tenga una de las mayores esperanzas de vida se consigue a base de año tras año de mala calidad de vida.  En varios países se considera la pulmonía como el mejor amigo de los viejos.  Aquí se utiliza todos los medios para curarla.  Hacer esfuerzos sobrehumanos para mantener con vida personas que han perdido la cabeza atenta contra su dignidad y la calidad de vida de los familiares.  Es aplazar inútilmente lo inevitable.  Es una equivocación.

Por supuesto hay familias que prefieren tener la cascara que fue su ser querido con ellos.  Prefieren poder verle, tocarle y lavarle a tener que enfrentarse de una vez por todas a perderle para siempre.  Prefieren seguir con lo malo conocido a entrar en una fase de sus vidas desconocida.  Si se aferran a que la ciencia médica haga todo lo que esté en sus manos para mantener con vida a su querido, que lo paguen de su bolsillo.  El establecimiento médico ha avanzado tanto que es capaz de proporcionar muchos años de mala calidad de vida a tanto el paciente como a sus allegados.  Quien quiera prolongar esa mala calidad de vida que acoquine.
 

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