Vivimos en un mundo donde todo es relativo. Ni lo que opina una persona, ni lo que hace, es ni bueno ni malo. Es indiferente. Vivir en sociedad implica que la mayor parte de sus ciudadanos conozca una escala de valores común. Cada grupo al que pertenezca el individuo suele tener además su propia escala de valores. Luego está la escala de valores personal del individuo, que puede, o no, haber sido influenciada por cualquiera de las escalas de valores a las cuales haya sido expuesta. Ninguna de estas escalas de valores tiene porque parecerse, aunque suela haber bastantes coincidencias. Según cada una de estas escalas de valores se juzga lo que hace o piensa una persona como bueno o malo.
Hay mucha diferencia entre las escalas de valores. En algunas escalas muchos aspectos son juzgados, y se desprecia a quien no siga el camino supuestamente recto. Hay otras escalas de valores donde casi nada es considerado mejor que cualquier otra cosa. Muchos llegan a aplicar un juicio de valor a casi cualquier cosa que ven. Otros apenas juzgan. Lo más negativo que suele pensar, esta gente que no juzga, suele ser "Yo no lo haría." Hay gente tan convencida de la corrección de su escala de valores que actúan contra los que no dan la talla según su rígido sistema de creencia. Claros ejemplos son la violencia de genero, agredir a un indigente o agredir a alguien de otras creencias. Ejemplos más extremos son lapidar mujeres que hayan tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio como se hace en muchas partes del mundo musulmán.



