Me Gusta Fumar

Lo llaman Democracia y no lo ES

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Mi novela

Los celos más alcohol

Este es el primer capítulo de una novela que me estoy planteando escribir.  Es el resultado de un curso de escritura y lectura dirigido por Soledad Puertolas.  Este relato nació con que nos pusieramos a escribir utilizando el verbo mirar en la primera frase.

 

 

Como empezó este tormento

 

Yo le miraba con deleite el culo a Pedro mientras este subía las escaleras hacia mi piso. Acababa de tener una cena maravillosa con él. Me había hecho sentir preciosa, aunque soy consciente que me falta mucho para ser bonita. Había habido tanta química entre nosotros. Ya me había hecho sentir tan bien la primera vez que nos habíamos visto en el Black Horse. Reí muchísimo con él. Mi corazón había dado saltos de alegría cada vez que me hacía un cumplido, cada vez que me sonreía. La deliciosa memoria de sus caricias, todavía me hace sentir húmeda. Nuestro primer beso, que me robó en la barra, fue maravilloso. Me corrí. Por desgracia a Yolanda, mi mejor amiga, la acababan de vaciar y tuve que visitarla al hospital. Ya entonces tuve un tremendo apretón por sentirle dentro de mí.

Los diez días que transcurrieron hasta que Pedro me volvió a llamar fueron una de las experiencias más difíciles que recuerdo. Me dolía el corazón aún cuando me acostaba con Alejandro, mi amigo al cual le concedí el derecho a roce hace tres años. He tenido varios amantes. La mayor parte de mi vida adulta he tenido dos o tres a la vez. No recuerdo haber sentido a nadie llegar al corazón de mi alma hasta tal punto como llegó Pedro, habiéndole conocido tan poco. Ni siquiera mi amado José, que murió de cáncer hace siete años, me caló tan hondo. No me cabía la menor duda que con Pedro el destino me había regalado otra alma gemela y esta era más gemela cualquiera de las que había encontrado a lo largo de mi vida. Me fío mucho de mis intuiciones. No me han fallado hasta el momento. Cuando mi primera impresión me dice que alguien va a ser especial para mí, siempre que es más o menos normal, acaba siendo especial para mí.

Al entrar en mi salón, Pedro enseguida me preguntó guardaba mis tijeras. Por suerte ya le había sacado el suficiente partido a mi vestido rojo. Estos trapos desaparecieron dentro del cubo de basura en cuanto Pedro se fue al trabajo el lunes. Por suerte me cuesta poco llegar al orgasmo, hasta con el roce cuando acepto un hombre dentro de mí. Los mordisquitos que me dio por todo el cuerpo, las caricias, los besos. Superé la cima varias veces antes de empezar. ¡¡¡Y su lengua!!! Me encanta tomarme tiempo con mis galanes antes de que nos dediquemos a los negocios. El me agasajó con uno de los calentamientos más potentes que recuerdo. Pedro era muy poco virgen. No nos dormimos hasta bien pasado el medio día. Apenas charlamos. Era puro instinto animal.

La espera hasta la siguiente vez que me encontré con Pedro me fue, si cabe, aún más dura. Muchas veces no contestaba mis llamadas. Afortunadamente tardaba poco en llamarme de vuelta. Me extrañaba mucho que fuera tan difícil dar con él. Me contó que cuando estaba a solas con otra persona activaba el perfil de silencio de su móvil. No le gustaba ser interrumpido por el ruido de una llamada cuando estaba a solas con otra persona. Únicamente lo utilizaba si su acompañante mantenía conversaciones largas. Pedro insistió que cuando estaba con alguien, estaba con alguien. Es verdad, en ninguna de nuestras primeras citas fuimos interrumpidos por su móvil.

La siguiente vez que nos vimos hubo aún más pasión. Increíblemente lo inmejorable, mejoró. Tocaba mi cuerpo como un maestro violinista toca su instrumento. Se veía que ya lo conocía como la palma de su mano.

Cuando nos despertamos tras nuestro tercer escarceo amoroso, me agarró de la mano y me acarició la cara. Por la determinación en sus ojos, sabía que lo que me iba a decir me iba a resultar difícil.

-- Marga, esto es algo que no puede esperar más tiempo. Has oído hablar del poliamor? -- me dijo dijo él con la voz ronca
-- Pedro, ¿a dónde quieres llegar? -- le dije preocupada.
-- El poliamor implica amar más de una persona a la vez. Hay muchas clases de amor. A cada una de las cuales amo, las amo de una manera diferente. -- me contestó. Se veía que estaba nervioso ya que le veía algunas gotas de sudor en la frente y no hacía mucho calor.
-- Me quieres decir que hay otras y que además va a haber otras? Porqué no me has avisado antes? -- le dije con tono de irritación
-- No se lo digo a mis nuevos amores hasta que no note que haya algo especial que nos une. También he descubierto que no lo puedo posponer más que lo que he hecho ya contigo. Es un golpe muy duro que rompan con una relación que funciona muy bien por no haber sido sincero a tiempo. -- me contestó Pedro.
-- ¡Qué cabrón eres! -- le respondí enfadada
-- Si ella, la cuarta vez que hiciéramos el amor, me dijera que ya no quiere tener nada conmigo, sería un golpe demasiado duro para ambos. Ya estaríamos la una enamorada del otro. Si lo confieso demasiado pronto, nuestros caminos se separarían la primera cita -- respondió Pedro
-- Y cuantas mujeres hay en tu vida? -- le contesté ya comprendiendo donde iba
-- Tengo que admitir que tú en estos momentos no eres el único hombre en mi vida -- le dije con intención de herirle
-- Pues no se te ocurra dejar a tus galanes por mí -- me dijo con alivio en la voz
-- Según mi experiencia, la única forma que pueda funcionar a largo plazo una relación de poliamor es que todas las personas involucradas tengan el afecto repartido. Perdí a Julia hace dos años porque ella decidió conformarse con mi compañía. Fue muy duro para ella que entraran en mi vida mujeres que me eran más cercanas. Amar a más de una persona es un flujo continuo. Únicamente funciona si el afecto es más o menos simétrico. Julia huyó de mi compañía desconsolada. La echo mucho de menos. En los últimos cuatro años Julia no ha contestado a ni uno de mis correos electrónicos ni me ha cogido el teléfono. Ni se te ocurra dejar tus galanes -- me dijo Pedro notablemente triste -- Ni se te ocurra prescindir de tus amantes o tenemos los días contados.
-- Cuantas mujeres hay en tu vida? -- le pregunté. Si yo podía tener más de un amante en principio no veía inconveniente en que el también las tuviera. Aún así, me picaba la curiosidad.
-- En estos momentos hay tres que me son muy cercanas y otras cuatro que veo con cierta frecuencia. Si alguna vez tuvieras celos te las presento. Al empezar, tenía muchos celos de los amantes de mis amantes y he descubierto que la mejor forma de aliviar ese sentimiento es tratar con estas personas de tú a tú. En todos los casos que he sentido celos, charlar a solas con el otro amante me ha ayudado. Es más difícil cuando estamos los tres. -- me contestó.

Pedro me acarició. Acepté su caricia con reticencias. Poco a poco me fui derritiendo. Me había resultado difícil averiguar que yo no iba a ser la única mujer que amase a esta persona tan maravillosa. Él ya se había labrado una pradera en mi corazón. Me fui soltando poco a poco con las caricias de Pedro. Le besé cautelosamente. Cuando el mordió mi labio ya me entregué. Creo que esta vez fue la experiencia sexual más intensa que he tenido. También la más larga. Pedro es un maestro con mi cuerpo. Tantas formas de darme placer. Lo que más me gustó fue que esta vez me guiaba, me enseñaba los secretos de su propio cuerpo. Para mí es mágico poder regalar más y más placer a los que amo. Me encanta.

Cuando Pedro se fue, visité a Alejandro. Muchas veces hemos intercambiado consejos acerca de nuestra vida sentimental. Otro punto de vista me ayuda mucho a comprender mis reacciones.


--> Yo no recuerdo haber sentido amor a primera vista. --> dice Alicia. Se sienta al lado de Marga y le hace una caricia suave en la mano. --> Tampoco me he atrevido a fiarme de mis primeros instintos. Debe de haber sido muy complicado para ti con tantos amantes que tienen amantes...
--> Era bonito mientras duró. Me asustaron los celos ya que hasta el momento no había tenido una pareja tan abierta. --> Contestó Marga sonriendo. La llenaba de alegría pensar en Pedro
--> Cuanto tiempo llevas teniendo más de un amante? --> pregunta Clara. Ella también está fascinada por la historia de Marga
--> Desde que me salió mi primer noviete a los dieciseis. Ese fue mi última pareja a la cual que le dije que tenía otros amantes antes que lo preguntara. Me di cuenta enseguida que es mucho más sencillo impedir que el corazón sienta. Si los ojos ven, pues empiezan las peleas. --> responde Marga mientras mira le mira tiernamente a los ojos a Clara --> Aún así, mentir es mucho peor a la larga que serle sincera si él me lo preguntara.
--> Me fascinan los buenos polvos. Danos más detalles --> dijo Iciar
--> Iciar, como se te nota que no tienes los suficientes bis a bis. --> se ríe Clara

Hace calor en el patio. Todavía queda un par de horas para la comida. Las cuatro llevan la misma rutina que los últimos seis meses. Cuando llueve o hace frío se refugian bajo el porche. La mayor parte del tiempo lo dedican a charlar o a compartir silencios cómodos. No les gusta hacer deportes como muchas de las otras reclusas. Las llaman el grupo de las cuatro, ya que casi siempre están juntas. Quitando los talleres y las visitas a los psicólogos, forman una piña. Muchas veces están las cuatro en una de sus celdas. Marga y Iciar duermen en la misma. Lo mismo, Alicia y a Clara. La que lleva más tiempo en la cárcel es Marga. Las demás reclusas la notaron mucho más feliz cuando empezó su amistad con Iciar.


A medida que progresaba mi relación con Pedro se me hacía más y más difícil compartirlo con el resto de sus amantes. En una noche de borrachera llegué a darle una bofetada mientras le gritaba que él no me amaba. El puro amor que sentía por él, se reducía cuando yo estaba bebida. Ya entonces era consciente que el alcohol me hacía más elemental, más pura en mis intenciones. Bebía porque me llenaba de libertad saber que todo era tan simple en la vida. Únicamente existía la bondad y la maldad, el amor y el odio. El gran arco iris de lo que existe entre los dos extremos dejaba de tener significado. Pedro sabía controlarme insistiendo que yo estaba tratando con él, no con cualquiera. Cuando dirigía mi agresividad hacia otras personas también me cortaba. Me insistía que no quería participar en mis peleas con otros, aunque en ese momento me parecieran detestables. Aun cuando la mayor parte de las veces nos retirábamos pronto para hacer el amor, compartíamos de vez en cuando una borrachera. El se volvía más sentimental y más cariñoso cuando estaba borracho. Si no fuera porque Pedro era capaz de hacerme olvidar mis enfados, habríamos cortado al poco tiempo de conocernos.

Los días que él no estaba conmigo se hacían cada vez más intolerables. Me había enganchado a Pedro. No podía dejar de pensar en él. Hasta llegaron a llamarme la atención en el trabajo. La psicóloga de la empresa, cuando le conté lo que me pasaba me enseñó unos mantras para desconectar de mi obsesión mientras estaba en horario laboral. El que más me gustó fue "Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni el amor propio." Cada vez que repetía esta fase de poder notaba como Pedro se alejaba de mis pensamientos. Gracias a la psicóloga pude conservar el trabajo hasta que llegué aquí.

Ya no me satisfacía la compañía de Alejandro. Seguíamos haciendo el amor tranquilamente, como en los últimos años, pero después de los terremotos que había compartido con Pedro, estos paseos al lado de un riachuelo tranquilo ya no me eran suficientes. Recordaba perfectamente lo que me dijo Pedro acerca de que fuera necesario repartir el afecto para que una relación de poliamor fuera duradera. Muchas de las tardes que pasé sin Pedro los aproveché para ir a lugares de marcha. Cada semana compartía noches con uno o dos hombres. Al tercer mes lo dejé por imposible ya que, aunque algún polvo fue bastante bueno, no le llegaba ni a la suela de los zapatos a los que compartía con Pedro. Tuve más suerte con las citas a través de las Web para ligar ya que me salieron un par de galanes con los cuales repetí hasta entrar aquí. Como bien sabéis, Jordi me ha hecho alguna visita conyugal. Por desgracia unos cuantos ríos no tienen ni punto de comparación con el mar que era para mí Pedro. Me iba sintiendo peor y peor. Quería a Pedro para mí sola.

Pedro se daba cuenta de mi sufrimiento. Un día me sugirió que viniera a casa de Isabel para cenar. Esta era una de sus amantes principales. La veía por lo menos una vez a la semana. Yo me quedé horrorizada con el pensamiento de verla.

-- Me resulta muy violento ver a una de tus amantes, Pedro. Muy violento -- le gemí
-- Ojos que ven algo, corazón que sufre. Ojos que lo ven todo y el corazón llega a estar en paz. -- me respondió Pedro decidido -- La he contado a Isabel que tú lo estás pasando francamente mal. Hace dos años, cuando comenzó el camino que comparto con ella, Isabel también lo pasaba mal. La presenté a Paquita para que hablaran. Ella la tranquilizó. Se tuvieron que ver varias veces antes de que Isabel estuviera cómoda en nuestra relación.
-- De verdad crees que funcionará? -- le pregunté dubitativa.
-- No siempre. Con celos como los tuyos es una buena esperanza. El saber a que atenerse supone en muchos casos un alivio. -- me dijo Pedro mientras me acariciaba la cara suavemente.
-- Yo ya he intentado repartir el afecto como tú me dijiste, además de haberlo tenido repartido antes. Nadie me satisface tanto como tú. No te puedo sacar de la cabeza, ni siquiera cuando Jordi me estuvo comiendo el coño hace unos días. Me echó una gran bronca por mandarte un mensaje de texto mientras él estaba en mitad de faena. -- le dije desconsolada -- No puedo dejar de pensar en ti.
-- Desgraciadamente la adicción no es compatible con el poliamor. Isabel es el mejor recurso que se me ocurre. A menos que mi compañía compense el tormento que te produce el que yo pase tiempo con otras mujeres a las cuales amo, nuestros caminos se tendrán que separar. Admiro profundamente a Isabel. Si ella no es capaz de darte paz, tenemos pocos recursos en nuestros manos para seguir a largo plazo. -- me susurró. -- Quizás terapia de pareja.

Pedro me besó y hicimos el amor suavemente hasta que amaneció.

 

Las cuatro amigas van hacia el comedor. Ya ha anochecido. Agachan la cabeza cuando pasan enfrente de la Sra. Rodríguez, la guardián que se ha ganado fama de brutalidad en Wad Ras. En muchas ocasiones está golpeó a una reclusa por haberla mirado a los ojos. Se le nota que se crece cada vez que pasa enfrente de ella una presa con la cabeza gacha. Disfruta inmensamente de su trabajo. Las demás guardianes la protegen la espalda. Ninguna de las denuncias que interpusieron las victimas de su brutalidad había prosperado. La ley de la jungla que imperaba entre las cancerberas lo impedía. Las cuatro se sientan en su mesa.

>-- Yo también he estado enganchadísimo de mis parejas. Me entran unos celos. Me impresiona que hayas sido capaz de aguantar tanto tiempo >-- dice Clara mirándo a Marga a los ojos. La acaricia el brazo.
>-- Fue muy duro >-- contesta Marga sonriendo >-- También fue muy hermoso. Nunca me sentí tan viva. No es nada como este lugar.
>-- Tienes razón, siento que mi alma murió el momento que entré aquí. >-- dice Iciar con los ojos humedos. >-- No sé que va a ser de mí cuando salga.
>-- Peluquería y maquillaje. La única formación profesional que ofrecen en este antro. Y luego se atreven a hablar de la igualdad de la mujer >-- dice Clara cabreada
>-- Menos mal que ninguna de nosotros tiene hijos pequeños. Eso de que se las quiten cuando cumplen tres años debe de ser horrible --> responde Alicia.
>-- Si no fuera por vosotras esto sería un verdadero infierno --> replica Marga. También tiene los ojos húmedos.


La cita con Pedro y Isabel fue una de las peores experiencias que recuerdo. Llegábamos a su casa hacia las nueve de la tarde. Isabel tenía vino y canapés en la mesa del salón. Yo me senté enfrente de Isabel y Pedro estaba entre las dos. Cuando llegó le dio un besito en los labios a Isabel pero no volvió a tocarnos a ninguna de las dos en el tiempo que estuvimos en casa de Isabel. Yo estaba tan ansiosa que me bebía vaso tras vaso de vino. Notaba a Isabel incómoda. Pedro también. Yo me sentía fuera de mi ambiente. Estuvimos bastante tiempo compartiendo silencios incómodos. De vez en cuando alguno de los tres sugería algún tema de conversación. Ninguno de los temas cuajó. Al final, Pedro sacó a relucir el tema de los celos.

-- Me cuenta Pedro amarle te está causando bastante dolor, Marga -- dijo Isabel, lanzándose al vacío
-- No puedo dejar de pensar en Pedro. No puedo dejar de pensar en él. Estoy repartiendo el afecto, Isabel, pero no puedo más con mi alma. -- contesté. Estoy seguro que se me notaba la angustia que sentía.
-- Marga, os dejo las dos a solas para que podáis seguir charlando las dos. Luego vente a mi casa y me cuentas -- dijo Pedro mientras me acarició la cara. Se levantó dejando su copa de vino a la mitad y salió por la puerta.
-- Isabel, esto es una situación muy incómoda para mí. El estar contigo que también amas a Pedro. Eso me hace sentirme menos especial. ¿Has hecho esto alguna vez? ¿Hablar con alguna de sus amantes? -- le pregunté pregunté con obvia tristeza en mi voz.
-- A mí también me fue muy duro el comienzo de mi relación con Pedro. Él me presentó a dos de sus amantes cuando vio que estaba sufriendo. -- me contestó Isabel.
-- Nadie de los que he conocido me llenan tanto como Pedro. No me son lo suficientemente especiales para que pueda dejar de pensar en él -- la respondí
-- Sigue buscando. Hasta que no cuajó mi relación con Manuel, con el cual comparto mucha química, no me resultó cómoda la relación con Pedro. -- me dijo Isabel. Me acarició la mano y yo rehuí de su tacto como si me hubiera picado una víbora.
-- Veo que esto no te está resultando nada cómodo -- me dijo Isabel con la voz triste. .
-- Isabel, lo encuentro brutal. Deseo tener a Pedro en mi vida y veo que si no hago lo posible para vencer los celos, le acabaré perdiendo. Estar cara a cara una mujer a la cual Pedro ama es muy difícil para mí. -- la contesté. -- Me resulta difícil creer que encuentre alguien que me resulte tan especial. He tenido citas con decenas de hombres pero no he sentido la suficiente química con ninguno para sacar a Pedro de mi cabeza.
-- Sigue intentando. Te recomiendo hombres casados ya que es más fácil que estos acepten que tengas otros hombres en mi vida. Yo tardé cuatro meses en conocer a Manuel. Luego he conocido a Carlos y sigo con los dos. Un único mar para tus sentimientos no es factible. Hasta que no consigas otro en tu vida no podrás sobreponerte a esta situación tan dura.

Yo había seguido bebiendo vino a buen ritmo y ya me notaba borracha. Era perfectamente consciente que al perder la noción de las sutilezas que hay entre el amor y el odio, era fácil que me mostrara agresiva. Por Isabel no sentía amor. Me di cuenta que la iba mirando con peores y peores ojos a medida que seguía nuestra conversación. Amo a Pedro y no quería hacer daño a alguien que fuera tan importante para él. Me tenía que marchar.

-- Isabel, me noto borracha. Existe la posibilidad que te agreda si no me voy a tiempo -- la dije.
-- Es díficil de aceptar que haya otras. -- me respondió. -- Será mejor que nos volvamos a ver. Así ojalá veas que el que Pedro me ame no quita que a ti también te ame muchísimo.
-- Sí, me gustaría quedar algún día para comer. -- la contesté. -- Ahora me tengo que marchar.

Los dos besos de despedida me escocieron. Salí de casa de Isabel y cogí un taxi hacia la casa de Pedro. Como no me sentía con fuerzas para entrar todavía, me metí en el bar Aloha que está cerca de su casa. Necesitaba pensar. Necesitaba desconectar. Me pedí tres cubatas seguidos. A medida que le daba tragos a los gin tonic me iba acalorando más y más. ¿Cómo se atrevía a hacerme pasar por una experiencia tan dura? ¿Qué le daba derecho a amar a más personas? ¿Cómo es posible que no se conformara con alguien que le era tan especial como yo? ¿Quien era el para hacerme sufrir tanto como hacía cuando yo no estaba con él? Decidí que la única posibilidad que tenía para salir de mi tormento era matarle. Si no tenía a Pedro para mí sola, ninguna lo tendría.

Cuando llegué a su casa, le dije que tenía hambre. Después de haber visitado su casa tantas veces, conocía a la perfección donde guardaba las cosas. Cogí un cuchillo de cocina decidida a apuñalarlo. Afortunadamente Pedro fue capaz de protegerse con su brazo derecho. Únicamente le hice un corte profundo. El se defendió dándome un puñetazo con todas sus fuerzas. Me dejó inconsciente. Me desperté esposada. Aunque tanto Pedro como Isabel intercedieron por mí, aunque alegaron que yo había enloquecido bajo los efectos del alcohol, a mí me condenaron a cinco años de prisión por intento de asesinato. Tuve mala suerte con los jueces.

Como sabéis Pedro me visita para el bis a bis cada mes o dos meses. Además he compartido visitas conyugales tanto con Jordi como con Alejandro . Isabel y alguna de las otras amantes de Pedro me han visitado varias veces. Ya llevo seis meses viendo a la psicóloga todas las semanas. Estoy intentando dejar atrás la dependencia que siento por Pedro. El poliamor me sigue pareciendo muy bonito. La psicóloga también me esta ayudando a evitar necesitar el alcohol para sentirme bien. Me asustó mucho que enloqueciera hasta tal punto que intenté matar a la persona que más amaba. Gracias a eso y a haber aprobado los dos primeros cursos de Psicología en la UNED, creo que me darán el tercer grado a mediados del año que viene. Afortunadamente no he perdido ni a Pedro ni los otros hombres que me son especiales.


Iciar le besa a Marga en la boca. Marga responde al beso. Alicia y Clara abrazan a las dos y se alejan por el patio. Marga y Iciar se dirigen hacia el almacén para tener un poco de intimidad.

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