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El que es misericordioso con los que son crueles, se vuelve cruel contra los que son misericordiosos.  La misericordia no sale gratis.

Más de media vida viendo a psiquiatras

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Acerca del torbellino - Inmerso en el torbellino
Escrito por Batiscafo   
Jueves 01 de Abril de 2010 01:00

Cuando los médicos te enganchas por una condición seria es fácil que no te vuelvan a soltar en muchos años. Eso es más verdad aún para las condiciones crónicas como el trastorno bipolar

 

Mi primer contacto con los psiquiatras fue justo después de mi primer ingreso en marzo de 1987.  Ese ingreso fue ocasionado por el amor, como tantas otras de mis descompensaciones.  Estaba enamorado de una compañera de la universidad y yo me iba a vivir a Montreal, en Canadá, en setiembre de ese año.  Toda mi vida he sido bastante parado. Yo deseaba mantener el contacto con esta maravillosa mujer desde Canadá.  Sabía que a menos que cambiara, no tendría energía suficiente para mantenerla en mi vida.  Al enloquecer me sentí lleno de energía.  De un día para otro pasé de ser una verdadera mierda a ser superhumano, pletórico de energía y fuerza.  Podía con todo que se me cruzara en el camino.

 

Me aferré a la locura como si fuera un clavo ardiendo.  No quería ser ese Batiscafo parado que deja atrás todo lo que le es importante.  Deseaba luchar por las cosas que importaban para mí.  Fui ingresado en un hospital del ejercito del aire durante un par de semanas. En el hospital aparentaba estar tranquilo y me dieron el alta.  Al regresar a mi casa seguí loqueando y al poco tiempo fui ingresado en el hospital Gómez Ulla del ejercito de tierra.  Ahí no mejoraba.  Llegué a tener grandes lagunas de memoria.  Recuerdo que en un momento de conciencia estaba atado a la cama con una mano libre.  Tenía ganas locas de mear.  Gritaba y gritaba para que me trajesen un orinal portátil.  No lo hicieron.  Me di media vuelta en la cama y meé.  El siguiente momento de lucidez estaban fregando el suelo de mi habitación.  En otro momento de lucidez una enfermera me preguntó si recordaba haberla dado una patada.  En otro momento de lucidez vuelvo a la conciencia con mi puño encima de la cabeza del siquiatra que me trataba, listo para golpearle con toda mi fuerza.

En Canadá tenía el alma muerta.  Perdí totalmente el contacto con la mujer de la cual me había enamorado.  Justo lo que quise evitar, aferrándome a mi locura.  Mis padres, siempre deseando lo mejor para mí, me consiguieron un psiquiatra español, que había emigrado a Canadá.  Ese psiquiatra era muy buena persona pero no era buen profesional.  Después de cada ingreso que tenía, me seguía manteniendo con la misma medicación.  Mi experiencia de los 23 años que llevo arrastrando el trastorno bipolar me han convencido que si hay una descompensación severa, es necesario cambiar la medicación.  Al final no le quedó más remedio que hacer un cambio en mi medicación.  Yo estaba tomando litio al llegar a Canadá.  No me estabilizaba.  El único efecto que tenía el litio es que yo padecía de diarrea crónica.  Al llegar a una concentración tóxica de litio en sangre, me cambió la medicación a ácido valpróico.

Dr. Cerrolaza se jubiló.  Se encargó de mi bien estar una médico de familia que le gustaba trabajar en el mundo de la psiquiatría.  Yo por aquel entonces me estaba planteando muy seriamente el suicidio.  Agregué una dosis baja de haloperidol, un antisicótico, a lo que tomaba cada día.  Eso me ayudó a mantenerme estable, aún con el inmenso dolor emocional que me causaban mis pensamientos autolíticos.  Mis fantasías de acabar con mi vida se acabaron cuando mi primo y mejor amigo por aquel entonces me preguntó porqué no me mataba.  Al no encontrar respuesta a esa pregunta, dejé de plantearme el tema del suicidio.

Tuve varios años de estabilidad.  En setiembre del 2009 me mudé a Madrid desde Montreal y tardé muy poco en encontrar trabajo.  Mi querido médico de cabecera me recetaba medicación para varios meses cada vez que le visitaba.  No tenía psiquiatra.

Los psiquiatras me volvieron a coger de las pelotas cuando me quedé en el paro con la crisis de las punto com.  Mi segundo curso del paro era un verdadero horror.  La profesora era nefasta.  Empecé a coleccionar justificantes para faltar todo lo que podía al curso.  Así me fui al psiquiatra del centro de salud.  Para conseguir justificantes para faltar a un curso del paro. Desde el principio he tenido muy buena relación con Dr. Caceres.  Mucha afinidad en el sentido del humor.  Siempre me ha sido muy agradable compartir espacio con él.

Yo era muy inseguro por aquel entonces.  No sabía que me podían atender de urgencias.  No me sabía lo suficientemente importante.  Los efectos secundarios de tantos años considerándome una mierda.  Además de ser seguido por Dr. Cáceres, me seguía Mamen, la enfermera siquiátrica.  Mamen era como una segunda madre, muchas veces dando consejos de lo que tenía que hacer en mi vida, como comer mejor, fumar menos y cositas irritantes como estas.  Hubo veces que me cansé tanto de mi segunda madre que dejé de asistir muchos meses a la consulta siquiátrica.

Dr. Cáceres me ayudó a cambiar de ácido valproico a Lamotrigina hace varios años.  Mi estabilidad con el Depakine era buena pero yo pesaba 102 kg con mi metro sesentaicinco y ya estaba empezando a desarrollar diabetes.  Perdí bastante peso con la Lamotrigina.  Otro factor que ayudó en que perdiera más de veinte kilos en un año fue que estuve ese año bebiendo vino en vez de cerveza y empecé a caminar regularmente.  Solía ir andando del trabajo a casa, más de una hora.  El proceso de cambio de un estabilizante al otro fue bastante movido, pero no hubo problemas mayores que un pequeño enrojecimiento de mi pecho.  La Lamotrigina puede provocar reacciones alérgicas muy severas si no se aumenta poco a poco la dosis.

Tuve algunas descompensaciones.  Una de las más severas fue cuando me enamoré de Susana.  No cambiaba en nada mi tratamiento cuando perdía el equilibrio por lo que tardaba bastantes semanas en volver a la normalidad.  Fui aprendiendo que si aumentaba mi dosis de Risperidona, las descompensaciones se me pasaban en muy pocos días.

Después llegó el momento que me enamoré de Tareixa y tuve mi ingreso en el 2007.  Seguía mezclando alcohol con la medicación siquiátrica, como llevaba haciendo toda mi vida.  Antes no notaba ningún efecto secundario desagradable.  Después del ingreso me descompensaba cada pocas semanas.  Dr. Caceres fue ajustando mi medicación, y en un periodo de dos años probé muchas combinaciones de medicamentos distintos.  Risperdal inyectable fue el primero.  Después Invega por pastilla.  Con este medicamento se me disparó mi agresividad.  Después Risperdal por pastilla.  Ninguno me estabilizaba con mi consumo de alcohol.  A medida que pasaba el tiempo, cada vez me mostraba más y más agresivo por escrito en los artículos de mi blog.  Mis amigos se estaban mostrando cada vez más preocupados y empecé a perder amigos.  Decidí reducir drásticamente mi consumo del alcohol.  Desde junio del 2009 bebo mucho menos. No he probado ni gota desde el 8 de enero del 2010.

Junio del 2009 me marcó profundamente.   Escribí un artículo extremadamente agresivo aquí en megustafumar que fue censurado por Tareixa, mi novia gallega.  Mi siquiatra estaba tan preocupado que me derivó al Centro de Atención al Drogodependiente (CAD) de la Latina.  Hice varias visitas de urgencia al servicio de siquiatría de mi hospital.  No me quisieron ingresar.  Mi siquiatra me cambio la medicación.  Todos mis allegados estaban muy preocupados conmigo.

Desde ese artículo tan agresivo que escribí en junio del 2009 estoy tomando un antisicótico inyectable llamado Clopixol.  Es un antisicótico más o menos antiguo.  La Risperidona inyectable costaba más de 150 euros la  dosis.  El Clopixol cuesta cinco euros.  Me lo inyectan cada dos semanas.  No estoy contento con los resultados. Desde que uso Clopixol he hecho tres viajes al extranjero.  Al regreso de cada uno de los viajes me he descompensado.  Me he descompensado tras dos sesiones particularmente brutales con mi trabajador social en el CAD.  Tras varios años sin atisbos de ánimo bajo, he rozado muchas veces la depresión.  He tenido una descompensación sin motivo aparente y sin consumo de alcohol.  No estoy muy contento con el resultado de este antisicótico.  Pero muchas veces me mantiene callado sin molestar, por lo que le gusta  a mi siquiatra y a mi familia.

Mi primer contacto con los psiquiatras fue justo después de mi primer ingreso en marzo de 1987.  Ese ingreso fue ocasionado por el amor, como tantas otras de mis descompensaciones.  Estaba enamorado de una compañera de la universidad y yo me iba a vivir a Montreal, en Canadá, en setiembre de ese año.  Toda mi vida he sido bastante parado. Yo deseaba mantener el contacto con esta maravillosa mujer desde Canadá.  Sabía que a menos que cambiara, no tendría energía suficiente para mantenerla en mi vida.  Al enloquecer me sentí lleno de energía.  De un día para otro pasé de ser una verdadera mierda a ser superhumano, pletórico de energía y fuerza.  Podía con todo que se me cruzara en el camino.
Me aferré a la locura como si fuera un clavo ardiendo.  No quería ser ese Batiscafo parado que deja atrás todo lo que le es importante.  Deseaba luchar por las cosas que importaban para mí.  Fui ingresado en un hospital del ejercito del aire durante un par de semanas. En el hospital aparentaba estar tranquilo y me dieron el alta.  Al regresar a mi casa seguí loqueando y al poco tiempo fui ingresado en el hospital Gómez Ulla del ejercito de tierra.  Ahí no mejoraba.  Llegué a tener grandes lagunas de memoria.  Recuerdo que en un momento de conciencia estaba atado a la cama con una mano libre.  Tenía ganas locas de mear.  Gritaba y gritaba para que me trajesen un orinal portátil.  No lo hicieron.  Me di media vuelta en la cama y meé.  El siguiente momento de lucidez estaban fregando el suelo de mi habitación.  En otro momento de lucidez una enfermera me preguntó si recordaba haberla dado una patada.  En otro momento de lucidez vuelvo a la conciencia con mi puño encima de la cabeza del siquiatra que me trataba, listo para golpearle con toda mi fuerza.
En Canadá tenía el alma muerta.  Perdí totalmente el contacto con la mujer de la cual me había enamorado.  Justo lo que quise evitar, aferrándome a mi locura.  Mis padres, siempre deseando lo mejor para mí, me consiguieron un psiquiatra español, que había emigrado a Canadá.  Ese psiquiatra era muy buena persona pero no era buen profesional.  Después de cada ingreso que tenía, me seguía manteniendo con la misma medicación.  Mi experiencia de los 23 años que llevo arrastrando el trastorno bipolar me han convencido que si hay una descompensación severa, es necesario cambiar la medicación.  Al final no le quedó más remedio que hacer un cambio en mi medicación.  Yo estaba tomando litio al llegar a Canadá.  No me estabilizaba.  El único efecto que tenía el litio es que yo padecía de diarrea crónica.  Al llegar a una concentración tóxica de litio en sangre, me cambió la medicación a ácido valpróico.  
Dr. Cerrolaza se jubiló.  Se encargó de mi bien estar una médico de familia que le gustaba trabajar en el mundo de la psiquiatría.  Yo por aquel entonces me estaba planteando muy seriamente el suicidio.  Agregué una dosis baja de haloperidol, un antisicótico, a lo que tomaba cada día.  Eso me ayudó a mantenerme estable, aún con el inmenso dolor emocional que me causaban mis pensamientos autolíticos.  Mis fantasías de acabar con mi vida se acabaron cuando mi primo y mejor amigo por aquel entonces me preguntó porqué no me mataba.  Al no encontrar respuesta a esa pregunta, dejé de plantearme el tema del suicidio.
Tuve varios años de estabilidad.  En setiembre del 2009 me mudé a Madrid desde Montreal y tardé muy poco en encontrar trabajo.  Mi querido médico de cabecera me recetaba medicación para varios meses cada vez que le visitaba.  No tenía psiquiatra.
Los psiquiatras me volvieron a coger de las pelotas cuando me quedé en el paro con la crisis de las punto com.  Mi segundo curso del paro era un verdadero horror.  La profesora era nefasta.  Empecé a coleccionar justificantes para faltar todo lo que podía al curso.  Así me fui al psiquiatra del centro de salud.  Para conseguir justificantes para faltar a un curso del paro. Desde el principio he tenido muy buena relación con Dr. Caceres.  Mucha afinidad en el sentido del humor.  Siempre me ha sido muy agradable compartir espacio con él.
Yo era muy inseguro por aquel entonces.  No sabía que me podían atender de urgencias.  No me sabía lo suficientemente importante.  Los efectos secundarios de tantos años considerándome una mierda.  Además de ser seguido por Dr. Cáceres, me seguía Mamen, la enfermera siquiátrica.  Mamen era como una segunda madre, muchas veces dando consejos de lo que tenía que hacer en mi vida, como comer mejor, fumar menos y cositas irritantes como estas.  Hubo veces que me cansé tanto de mi segunda madre que dejé de asistir muchos meses a la consulta siquiátrica.
Dr. Cáceres me ayudó a cambiar de ácido valproico a Lamotrigina hace varios años.  Mi estabilidad con el Depakine era buena pero yo pesaba 102 kg con mi metro sesentaicinco y ya estaba empezando a desarrollar diabetes.  Perdí bastante peso con la Lamotrigina.  Otro factor que ayudó en que perdiera más de veinte kilos en un año fue que estuve ese año bebiendo vino en vez de cerveza y empecé a caminar regularmente.  Solía ir andando del trabajo a casa, más de una hora.  El proceso de cambio de un estabilizante al otro fue bastante movido, pero no hubo problemas mayores que un pequeño enrojecimiento de mi pecho.  La Lamotrigina puede provocar reacciones alérgicas muy severas si no se aumenta poco a poco la dosis.
Tuve algunas descompensaciones.  Una de las más severas fue cuando me enamoré de Susana.  No cambiaba en nada mi tratamiento cuando perdía el equilibrio por lo que tardaba bastantes semanas en volver a la normalidad.  Fui aprendiendo que si aumentaba mi dosis de Risperidona, las descompensaciones se me pasaban en muy pocos días.
Después llegó el momento que me enamoré de Tareixa y tuve mi ingreso en el 2007.  Seguía mezclando alcohol con la medicación siquiátrica, como llevaba haciendo toda mi vida.  Antes no notaba ningún efecto secundario desagradable.  Después del ingreso me descompensaba cada pocas semanas.  Dr. Caceres fue ajustando mi medicación, y en un periodo de dos años probé muchas combinaciones de medicamentos distintos.  Risperdal inyectable fue el primero.  Después Invega por pastilla.  Con este medicamento se me disparó mi agresividad.  Después Risperdal por pastilla.  Ninguno me estabilizaba con mi consumo de alcohol.  A medida que pasaba el tiempo, cada vez me mostraba más y más agresivo por escrito en los artículos de mi blog.  Mis amigos se estaban mostrando cada vez más preocupados y empecé a perder amigos.  Decidí reducir drásticamente mi consumo del alcohol.  Desde junio del 2009 bebo mucho menos. No he probado ni gota desde el 8 de enero del 2010.  
Junio del 2009 me marcó profundamente.   Escribí un artículo extremadamente agresivo aquí en megustafumar que fue censurado por Tareixa, mi novia gallega.  Mi siquiatra estaba tan preocupado que me derivó al Centro de Atención al Drogodependiente (CAD) de la Latina.  Hice varias visitas de urgencia al servicio de siquiatría de mi hospital.  No me quisieron ingresar.  Mi siquiatra me cambio la medicación.  Todos mis allegados estaban muy preocupados conmigo.
Desde ese artículo tan agresivo que escribí en junio del 2009 estoy tomando un antisicótico inyectable llamado Clopixol.  Es un antisicótico más o menos antiguo.  La Risperidona inyectable costaba más de 150 euros la  dosis.  El Clopixol cuesta cinco euros.  Me lo inyectan cada dos semanas.  No estoy contento con los resultados. Desde que uso Clopixol he hecho tres viajes al extranjero.  Al regreso de cada uno de los viajes me he descompensado.  Me he descompensado tras dos sesiones particularmente brutales con mi trabajador social en el CAD.  Tras varios años sin atisbos de ánimo bajo, he rozado muchas veces la depresión.  He tenido una descompensación sin motivo aparente y sin consumo de alcohol.  No estoy muy contento con el resultado de este antisicótico.  Pero muchas veces me mantiene callado sin molestar, por lo que le gusta  a mi siquiatra y a mi familia.

 

Última actualización el Jueves 01 de Abril de 2010 14:47
 

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Comentarios  

 
0 # Anna 04-04-2010 07:36
Sé perfectamente lo que se está volviendo loco de amor, el dolor del desprecio de un ser querido duele más que una herida abierta.
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0 # PEPITOPEPITO 14-04-2010 16:42
Menuda geta pidiendo pasta por escribir aquí tus vivencias, ni siquiera es una web de contenido general, que la gente pueda consultar para informarse a cerca de cuestiones relativas al título de la página que nos ofreces. Es como si pidieses dinero por ver tu perfil de facebook. ¿De verdad crees que tu diario personal merece donativos? Échale huevos, reune noticias, opiniones, etc. interesantes sobre actualidad en el tema del tábaco y mereceras ser recompensado, mientrás tanto olvidate de la pasta...
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0 # Puedo pedir lo que me da la ganaBatiscafo 30-04-2010 12:09
Hola,

Mi sueño que esta Web me pague el tabaco está tan distante como siempre. No ha habido ninguna alma caritativa que me haya dado dinero. Así no me podré jubilar, viviendo de los ingresos de esta Web.

Tendré que seguir trabajando.
Besos.
Batiscafo
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0 # RE: Puedo pedir lo que me da la ganaÓscar Ríos 18-12-2011 17:01
Tu puedes decir la gana, y los demás también, y por cierto, con tanto que sabes de medicamentos, podrias haber abierto una PARAFARMACIA, serviria perfectamente primero para un tio que solo le gusta mirar su ombligo como tu, es decir, para un parado y segundo, para atiborrarte a medicamentos a saco, cosa que parece que te gusta mucho.
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0 # RE: Más de media vida viendo a psiquiatrasÓscar Ríos 18-12-2011 16:59
Mira colega, yo también he tenido problemas con el alcohol y con el tabaco, tanto que he destruido todos los ahorros de mi vida habiendo bebido tanta puta cerveza, pero si una cosa he aprendido,una vez saliendo adelante, ha sido a quejarme poco de ese tema, a considerar que si te dejan de lado los demás en mala época es porque en el fondo son despreciables y lo más importante, vivir sin quejarme ni patalear aunque ahora mismo nada tenga. Y lo siento, pero eres un gallina y un mierda. Aprende a seguir adelante y no seas tan llorica, nenaza, y pensaba ser educado pero.....lo que habia empezado siendo una curiosa carta que parecia un desahogo lógico se ha convertido al final en una llorera de un inmaduro perpetuo. Saludos guapa. Y la verdad, creo que has encontrado tu verdadero amor, tus autolamentaciones, tu alcoholete y tus medicamentitos.
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0 # RE: Más de media vida viendo a psiquiatrasÓscar Ríos 18-12-2011 17:06
Ah, y por cierto, me gusta fumar, se echará de menos más que el alcohol jeje, era escribiendo sobre el tema de fumar, no sobre la carta de este menda que parece el testamento de un muerto en vida. Un saludo.
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