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Inmerso en el Torbellino

Ni por nada ni por nadie

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Este verano pasé un fin de semana en una casa rural que me encanta. Una de las huéspedes de este lugar de paz, estaba atravesando una de esas depresiones tan atroces que no dejan ningún resquicio para la alegría de vivir. Nos volcamos en intentar proporcionarla una salida, para que ella pudiera volver a sentir la alegría de vivir. Durante este fin de semana, una mujer mágica estaba también alojada en la casa rural. Ella nos regaló un mantra que me ha servido para parar la centrifugadora de los pensamientos que a muchos nos ha hecho sufrir innecesariamente: Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni la salud. Si supiéramos parar el siroco de la bola de nieve que se forma al machacarnos con pensamientos, generalmente falsos, se salvarían muchas vidas.
 
El mantra que nos regaló esta mujer mágica es un grito de guerra. Léelo varias veces: Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni la salud. Para mí el amor propio es más importante que la salud. Mi grito de guerra es Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni el amor propio. El grito de guerra se puede adaptar a las necesidades de cada uno. Con los elementos adecuados, el ni por nada ni por nadie repetido vez tras vez puede acabar con los pensamientos recurrentes más dolorosos. Me pregunto que avatares de su vida han llevado a esta mujer mágica a apoyarse en este grito de guerra.  Es un desafió.  No importando lo que me pase, no importando las desgracias que me ocurran, saldré adelante.  Me pase lo que me pase, no perderé la conciencia de que la vida es mágica  Me pase lo que me pase no perderé mi amor propio.  ¿Qué desgracias la habrán llevado a utilizar este grito de guerra para salir adelante?
La centrifugadora mata.  El darle vueltas y más vueltas a una idea mata.  No importa si esa idea es real o no.  En la mayor parte de los casos, esta idea fija no es más que una falsedad, un fragmento de nuestras imaginaciones.  Una falsedad que no nos deja dormir por las noches.  Una mentira, que al no abandonar los recovecos de nuestra mente, provoca emociones demasiado intensas para que sean cómodas.  Una pérdida de tiempo que merma nuestro bienestar, que nos hace sufrir innecesariamente, que puede hacer que nos matemos, que puede hacer que matemos a otra persona.
 
En mi experiencia, la mejor forma de detener la centrifugadora de mi pensamiento es hacer una parada de pensamiento.  Si me doy cuenta que he hecho una bola de nieve gigantesca por cualquier tontería que se pase por mi cabeza, lo paro con cualquier medio a mi disposición.  Una forma que encuentro muy efectiva es contar hacia atrás desde 200 de 7 en 7.  La primera vez que lo hice, tardé 15 minutos.  Ahora como tardo 2, repito el proceso más de una vez.  Otra parada efectiva es repetir ese mantra tan poderoso que da nombre a este artículo:  Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni el amor propio.  La centrifugadora me quita mi alegría de vivir.  Mi mantra me la devuelve. 
 
Además de contar hacia atrás y el mantra, hay cosas que ayudan. Mientras cantas repetidamente una canción que te emociona, no piensas.  Mientras rezas, no piensas.  Luego hay otro mantra.  Es repetir Puedo y Podré dejar de pensar.  Para que sea efectivo, me han recomendado adoptar posición de sumo y acompañar cada palabra con un pisotón.  El Puedo y Podré es un ejercicio como las pesas.  Cuanto más veces lo repitas más fuerte haces esa parte de ti.  Poquito a poquito te vas a acercando a lo que dices que puedes y podrás. Hay muchas más formas de parar el pensamiento.  La centrifugadora mata.
 
El problema de dejar funcionar la centrifugadora a todo gas, es que se pierde contacto con la realidad.  No por mucho pensar, lo que se piensa va a ser más cierto.  El monstruoso empuje del círculo vicioso de nuestros pensamientos alteran nuestra realidad, alejándola de la realidad de los demás.  La centrifugadora nos hace sentir emociones muy fuertes ya nos puede llevar a cometer actos que no haríamos si no nos atenazara.  Estos pensamientos obsesivos pueden llegar a matar.
 
Un ejemplo de que la centrifugadora puede matar es el suicidio.  Este torbellino de pensamientos se alimenta del “No valgo nada”.  Se da vueltas a esa falacia.  Empieza a doler.  Piensas en que lo mejor que puedes hacer es abandonar esta miserable vida.  El dolor de pensar en quitarte la vida te hace sentir más y más vivo, se va haciendo cada más fuerte.  La centrifugadora gira y gira más y más deprisa.  Aumenta y aumenta el dolor.  No tiene ni paragón con la indiferencia con la cual vivía su vida antes de que le viniera a la cabeza esta falacia.  Hace falta acabar con este dolor como sea.  No puedo soportar más este dolor.  No lo aguanto más.  Tengo que quitarme la vida para acabar con el dolor de pensar que No valgo nada.  El grito de guerra que da el nombre a este artículo repetido las suficientes veces puede parar el círculo vicioso de pensar en el suicidio.  Ni por pensar que no valgo voy a perder la alegría de vivir.  Ni por pensar que no valgo nada voy a perder mi amor propio.
 
Otro claro ejemplo de que la centrifugadora cuesta vidas son los indeseables que matan a sus anteriores parejas.  Aquí se me ocurren varios pensamientos que pueden estar en el origen de esta centrifugadora: ¿Cómo se atreve a dejarme tirado?  ¿Cómo se atreve a salir con otro?  ¡La necesito! Cualquiera de estos pensamientos pueden ser la semilla que arranca el torbellino de los pensamientos obsesivos.  Una semilla es todo lo necesario para que se empiece a dar vueltas y más vueltas a un pensamiento.  Viene el dolor.  El dolor va aumentando a medida que uno se pierde en los pensamientos recurrentes.  El dolor va de más en más.  Llega otro pensamiento que se incorpora a la centrifugadora.  ¿Cómo se atreve a hacerme sentir este dolor?  ¿Cómo se atreve a hacerme sufrir de esta manera?  El rencor da fuelle a la centrifugadora y la empuja a ir más y más deprisa.  Llega otros pensamiento que hace girar más deprisa a la centrifugadora.  La tengo que matar para dejar de pensar. Por haberme hecho tanto daño la tengo que matarLo único justo es matarla. Los asesinatos de las antiguas parejas son debidos a que el hombre se enganchó a pensar pensamientos dolorosos. El mantra de poder que me regalaron en la casa rural puede parar este círculo vicioso.  Puede llevar a pensar a un hombre acongojado por el dolor que está haciendo el ridículo dejando que una antigua pareja le quite la alegría de vivir, que le quite el amor propio. 
 
Estoy convencido que la mayor parte de los brotes causados por las enfermedades mentales tienen su origen en que se arranque la centrifugadora.  Su fuerza puede hacer perder el contacto con la realidad. Puede distorsionar la realidad.  Es un viento brutal que empuja a la vela de nuestra percepción de la realidad, que escora nuestra percepción de la realidad.  La realidad se distorsiona.  Nuestra forma de ver el mundo se va alejando cada vez más de como lo ven los demás.  Brotes psicóticos y depresiones son ambas causadas por el empuje brutal de la centrifugadora.
 
El principal problema de la centrifugadora es que provoca emociones muy fuertes.  Antes de que se arrancase el círculo vicioso de los pensamientos la vida era sencilla.  Las emociones eran delicadas, sutiles en comparación.  De pronto al arrancar la centrifugadora llega un dolor muy intenso que no deja ni punto de comparación con la vida anterior a que empezase el círculo vicioso de los pensamientos.  De estar con los pies en el suelo se pasa a estar inmerso en un terremoto que no para. El dolor alimenta al círculo vicioso.  El dolor hace que la centrifugadora gire más y más deprisa.  Si el rencor, o bien hacia uno mismo o bien hacia otra persona, alimenta la centrifugadora, se pueden llegar a cometer actos que serían anatema estando normal.  La centrifugadora es una droga que se alimenta sóla.  Te puedes llegar a enganchar a este torbellino de emociones.  La centrifugadora puede matar.  Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni el amor propio.  Ni por este pensamiento doloroso perderé la alegría de vivir.  Ni por este pensamiento doloroso perderé el amor propio.
 
Las paradas de pensamiento pueden frenar en seco el que la realidad se escore.  Las paradas de pensamiento pueden hacer que se recupere el equilibrio en nuestra percepción de la realidad.  Las paradas de pensamiento nos pueden llevar a recuperar nuestro equilibrio. Las paradas de pensamiento son muy difíciles de hacer.  El sentirse tan vivo como cuando se está inmerso en la centrifugadora es una droga.  Es difícil querer volver a la sosa realidad.  Es difícil querer volver al equilibrio.  Es difícil renunciar a sentirse tan vivo.  Mi desafío a lo negativo puede ayudarme a apoyar firmemente mis pies sobre la realidad de las demás personas.  Evite que me fabrique una realidad tan distinta a la de los demás que me convierta en una molestia para el prójimo.
 
Ni por nada ni por nadie perderé ni la alegría de vivir ni el amor propio.
 

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