La segunda vez que enloquecí de amor me fui a recuperar sin éxito a la casa encantada, uno de mis lugares favoritos. Ahí me encontré rodeado de personas que estaban superando su adicción a la cocaína. Parte del tiempo lo dedicamos a jugar a las damas. Tras una partida me dije, cuanto se parecen las damas a la vida, empezando con que en la vida es necesario ir despacito y no todo está permitido, igual que en la primera fase del juego.
Que en la vida tus caminos se cruzan con los de otras personas y eso la cambia, igual que cambia el juego que con una de tus piezas se cruce otra pieza. A partir de esa primera similitud he ido desarrollando las damas al estilo Cosboi. Las bauticé así, ya que cuando me las inventé llevaba un sombrero de Cowboy.
En una partida de estas damas, el destino no tiene mayor interés. La única meta del juego es aprender a sacar una pieza del tablero.
En la vida el destino es la mano que marca el conseguir lo que más deseamos y que generalmente no satisface nuestras expectativas. O bien nuestros deseos llegan tan pronto que no los sabemos apreciar o bien cuando ya estamos cansados de esperarlos. También se pueden cumplir de una forma literal donde por no saber expresar bien lo que deseábamos se cumplen al pie de la letra. Eso no sería lo anhelado.
Lo bonito es todo lo que se aprende intentando conseguir esta meta mágica.
Lo bonito es el camino sobre el cual se anda en búsqueda de esa meta mágica.
El camino que que se sigue mientras se comparte este juego consiste en pedir deseos en voz alta, sin límites, ni restricciones y quizás así... podamos alcanzarlos.
|